El capitalismo que llegó, y que vendrá.

Volví a leer la nota de Grompone en Voces e insisto, como ya lo han hecho otros, que nada más lejos del fin del capitalismo. Y discrepo con él particularmente en algo que es muy importante pensar para entender dónde estamos parados y hacia dónde vamos, como país y como personas, en el SXXI: el papel de los medios de producción en el capitalismo informacional que ya llegó, y que está por venir también.

En este capitalismo los medios de producción serán cada vez menos los factores determinantes de las posiciones (Weber) o clases (Marx) que nos toque ocupar en la nueva sociedad del S.XXI, al contrario de como sucedía en el SXIX y XX.

Claro que es importante y básico si trabajo para un patrón, o si trabajo para mí mismo, en términos de autonomía, y claro que posee más riqueza quien es propietario que quién no. Pero en términos más grandes y profundos, lo que está sucediendo en el capitalismo es que “es cada vez menos importante quien es el dueño de las máquinas”, dicho a lo bruto, en comparación a “quien es el dueño de la información o del conocimiento” y sobre todo: el uso inteligente que pueda hacer de ella. Porque no vale solo  tener datos, sino cómo usarlos para crear riqueza con ellos.

La gestión del conocimiento es aquello que aporta más valor conforme pasan los años. ¿Cuál es el stock físico de Google, Facebook, Microsoft, Wells Fargo, Nestlé o Novartis? ¿Son acaso dueños de grandes fábricas? No. Son dueños de patentes, de información, y de conocimiento, y a la vez, se han posicionado de manera que lo que ellos ofrecen todos lo conocemos y lo necesitamos. Las únicas empresas que han mantenido o acrecentado su valor en base a derechos sobre determinadas propiedades físicas son las petroleras, por ejemplo: Dutch Shell, Exxon, Chevron, (esta última está explotando Vaca Muerta, en Argentina, que no es un yacimiento propio; la concesionaron – luego de mucho bombo patriotero cuando echaron a Repsol – porque sabían cómo desarrollar el fracking). Ni siquiera Intel, esa gran fábrica sin la que no funcionarían la mitad de los PC’s está en el TOP 10 de las empresas más valiosas por cotización en mercado.

En ese sentido la propiedad de “los medios de producción” en la Sharing Economy, no es importante. Los medios los ponemos todos: a saber, autos, apartamentos, y hasta dinero que podemos prestar a otros a través de una App. Eso no significa, ni significará, el fin del capitalismo, sino que más bien una reformulación ya bastante preanunciada del mismo. Una reformulación que por cierto a mi juicio puede sí traer mejoras, pero que está lejos de lo que comenta Grompone. Es que la Sharing Economy baja las barreras de entrada a algunos mercados, y permite que más gente ‘común y corriente’ entre en él desde el lado de la oferta, a partir de utilizar una “plataforma” que permite compartir esos activos (llámese Uber, AirBnb, KickStarter, etc.). Si se quiere poner en otros términos: democratiza más el acceso a los mercados, digamos. Y más que nada, trae una capacidad dinamitadora de algunos viejos monopolios, y un fortalecimiento de la competencia por demás bienvenida.

Pero eso, bien lejos del fin del capitalismo. Es más, podríamos argumentar por el contrario que, en cambio, esto va en pos de los postulados más tradicionales del liberalismo: la libre competencia! Aunque ojo, ahí también estaríamos metiéndonos en otro brete.

En definitiva, lo que me parece valioso de la nota de Grompone, es que invita a pensar y polemizar. Pero en ese sentido lo siguiente: miremos esto que estamos viviendo para comprender mejor cómo crecer y aprovechar los beneficios que trae  el nuevo capitalismo de la sociedad de la información (sin perder de vista los problemas que deberemos vigilar ). Y aprendamos a cabalgar esta realidad, en vez de formularnos un cómo “hacer la revolución 2.0”.

Publicado en Voces, el 25/11/15

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